miércoles, 29 de enero de 2014

GUATEMALA: LOS HUERFANOS ABANDONADOS

María Anastasia O´Grady.
Cuando me agaché para tomar en brazos a la niña de 1 año de pantalones rosados, calcetines morados y sudadera desgastada, esperaba que empezara a llorar. Es lo que habitualmente hacen los niños cuando un desconocido se les acerca más de la cuenta. Pero en lugar de llorar, sólo me miró y pestañeó.

Un momento después, su pequeña boca dibujó una sonrisa. Cuando la balanceé suavemente un par de vez sobre mi cadera, se echó a reír. Otros seis niños, más o menos de la misma edad, me miraban desde sus sillitas, esperando con ansiedad su turno para que los cogiera en brazos.

Susana (no es su nombre verdadero) tiene un rostro ovalado, ojos negros y anchos, piel de color oliva claro y cabello negro. Es una huérfana que fue abandonada al nacer. Pero eso no quiere decir que no haya quien la quiera. No sería muy difícil colocarla con una familia que la ame y le provea el apoyo y la educación que todo niño merece. No obstante, las autoridades guatemaltecas están negando ese derecho de nacimiento de forma sistemática.

Susana ha vivido desde que tenía dos días de vida en el Hogar Luz de María, un orfanato privado en el lado oeste de la capital guatemalteca. Es una vida mucho mejor a la que podría haber tenido en el abarrotado orfanato estatal, donde hay historias de violencia y negligencia. El Hogar Luz de María, sin embargo, sobrevive gracias a las donaciones privadas y su presupuesto es limitado. La atención individualizada y el afecto son lujos.

Unicef, el organismo de Naciones Unidas que se autodenomina el defensor de los niños del mundo, tiene mucho por lo que responder en el caso de la institucionalización de Susana y miles de otros huérfanos guatemaltecos. Unicef señala que no se opone a la adopción. Sin embargo, en 2007 y con la ayuda del Departamento de Estado de Estados Unidos presionó de forma exitosa a Guatemala, al igual que ya había hecho con la mayoría de los demás países en desarrollo, para que detuviera el flujo significativo de salidas de niños abandonados que eran adoptados por familias en EE.UU.

Para controlar la situación, el Congreso guatemalteco creó una sola burocracia estatal denominada el Consejo Nacional de Adopciones (CNA) y las agencias privadas de adopción fueron prohibidas. La nueva ley estableció una moratoria sobre las adopciones internacionales, que cada año solían encontrar un hogar para miles de niños.

Escribí sobre la crueldad de esta "reforma" el año pasado. Desde entonces, la situación sólo ha empeorado.

Dinora Palacios, quien administra el Hogar Luz de María, tenía 10 niños a su cargo cuando el orfanato abrió sus puertas en 2004. Hace dos años, la cifra había subido a 20. El año pasado, ya llegaba a 30 y ahora tiene 45. Los funcionarios estatales le siguen trayendo niños porque el orfanato del gobierno no da abasto.

Un problema es que Guatemala no cuenta con una sólida cultura de adopción. De modo que mientras el CNA se jacta de decir que los bebés ya no son "exportados", no menciona la tragedia de los niños que se amontonan en las instituciones porque no se les puede encontrar un hogar en el país. Unicef informó en abril de 2013 que había unos 5.800 niños en el sistema que alberga a los huérfanos. Algunos expertos locales dicen que la cifra es más alta.

Los burócratas han pasado un año buscando a la madre de nacimiento de Susana. No la han encontrado, lo que significa que el bebé será a la larga clasificado como "adoptable". Pero puesto que ya dejó de ser un bebé, las probabilidades de que encuentre un hogar en Guatemala ya han disminuido. Ahora, debe pasar por los tribunales de familia, que tienen muchos casos atrasados, y la burocracia, que se mueve a paso de tortuga. El costo emocional de enfrentar las incertidumbres burocráticas es un factor que puede disuadir a los potenciales padres.

La situación puede ser más sombría. Si las autoridades creen que han encontrado a la madre de un niño abandonado, debe comparecer ante el juez y someterse a una prueba de ADN. No es extraño que algunas "sospechosas" eludan la prueba del ADN durante meses, lo que significa un nuevo retraso en el proceso. Si la prueba confirma la maternidad, la madre debe inscribirse en una "terapia" diseñada para obligarla a reunirse con su hijo.

Las madres que han soportado la terapia estatal dicen haber sentido una presión intensa que incluye amenazas de encarcelamiento y grandes dosis de culpa. Si la madre cede, o algún miembro de la familia decide hacerse cargo del niño, Unicef puede ver una adopción menos en los libros de Guatemala y es otra victoria para el CNA.

Las consecuencias no deseadas de esta política retorcida son innumerables. Una guatemalteca que siente que no está preparada para abordar la maternidad ahora tiene más probabilidades de abandonar su bebé que de ofrecerlo en adopción para evitar afrontar la agotadora manipulación psicológica del gobierno. Muchos bebés quedan abandonados en los hospitales. Pero también es común leer noticias en la prensa sobre bebés encontrados en los autobuses y en los cubos de basura.
Es cierto que antes de la entrada en vigor de la ley había algunos abogados faltos de escrúpulos en el negocio de las adopciones en Guatemala. Pero la policía los podría haber detectado y cerrado sus operaciones sin hacer trizas las probabilidades de que miles de huérfanos encuentren una familia que los quiera.

El director del CNA le dijo este mes al diario guatemalteco La Hora que "toda esta normativa está enmarcada en los derechos de la niñez" de vivir en la cultura y hablar el idioma de su región de nacimiento. Cualquiera que tenga una comprensión tan primitiva de las necesidades de los niños no debería estar supervisando su bienestar.

Artículo publicado originalmente en The Wall Street Journal

jueves, 16 de enero de 2014

Cuando la baja inflación es un problema

por Antonio Argandoña

ALMO OPINION.- ¡Tantos años quejándonos de la inflación alta, y ahora nos quejamos de que sea tan baja (0,3% el Índice de precios de consumo en diciembre de 2013). Ayer me preguntaron en una televisión si ese problema existía. Y dije que claro, todo es posible, pero que no me parecía un problema importante.

Lo malo no es la deflación (la caída de precios), sino la deflación con recesión. Es lógico que los precios caigan si la demanda cae, y eso es lo que ha ocurrido en los últimos años. Los precios, además, caen con retraso, de modo que primero viene la recesión y más tarde viene la deflación. Si con esta no viene la recuperación de la demanda y de la producción, los precios seguirán cayendo, y entonces el problema se hace grave. La clave está, pues, en si 2014 verá una recuperación de la actividad económica. Porque si hay más producción, aunque caigan los precios, las cosas irán mejor.

Hay otro factor importante, que es la reducción de los costes y el aumento de la productividad, que es otra manera de decir que los costes (por unidad de producto) bajan. Hemos asistido durante unos años a moderación salarial y a grandes reducciones de plantilla, que mejoran la competitividad y la rentabilidad de las empresas. Eso es lo que explica que la producción haya tocado fondo y empiece a crecer. Y esto, de nuevo, no es malo.

La deflación es un mal grave cuando los tipos de interés reales (nominales menos inflación, o sea, nominales más deflación) crecen, y esto repercute negativamente en la capacidad de invertir y producir de las empresas. Pero me parece que aunque veamos ahora tasas de inflación próximas a cero, o incluso negativas algunos meses y para algunos productos, esto no va a provocar la espiral deflación – deuda – depresión de que hablaba Irving Fisher (depresión significa caída de precios, o sea, tipos de interés reales negativos, que acentúa el coste de la deuda, lo que frenta la inversión y el consumo, lo que vuelve a provocar otra ola de depresión…).

De todos modos, ya sabe el lector que los economistas somos muy malos haciendo predicciones, sobre todo si son de futuro.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Por qué es tan difícil erradicar la pobreza

Antonio Argandoña  IESE (UNAV España)
La Brookings Institution publicó hace unos días en su blog una entrada titulada “La Guerra a la Pobreza: ¿qué salió mal?” (aquí, en inglés). La Guerra a la Pobreza fue una iniciativa del presidente norteamericano Lyndon Johnson, que ha cumplido ahora medio siglo de antigüedad (la iniciativa, no el presidente). Ron Haskins, el autor de la entrada, señala que la Guerra empezó muy bien, pero perdió fuerza inmediatamente: el porcentaje de personas en pobreza bajó del 30% en 1964 a un 12,1% en promedio desde finales de esa década, y ya no ha vuelto a reducirse; fue del 15% en los últimos tres años.

Haskins cuenta que en 2012 había en Estrados Unidos 46,5 millones de personas en situación de pobreza, y que en ese año la asignación para combatirla era de 1.000 millones, lo que da un promedio de 22.000 dólares por persona, por encima del nivel de pobreza (que en 2013 era de 20.000 dólares). Ya está, ¿no?

Pues no, porque lo que cuenta no es dar un pez a una persona hambrienta un día, sino enseñarle a pescar. No es justo dar de comer la sopa boba a 46 millones de personas cada año, porque, además, esto animaría a otros muchos a vivir sin trabajar. Lo importante es que esas personas puedan volver a producir y ganar, recuperar el control de su vida y salir definitivamente de la miseria. Y esto no es fácil, a la vista de problemas como la educación (o falta de la misma), la composición de las familias y su reducida capacidad para trabajar. Haskins señala la baja calidad de la educación de esas personas, la existencia de familias desestructuradas, cómo los problemas de los padres se prolongan en los hijos, y las dificultades de esas personas para conseguir un empleo sostenible.


He querido traer esto a colación porque hay personas que piensan que lo que hay que hacer es repartir la riqueza, para que todos tengan lo suficiente. Ya se ve que el problema es otro: cómo devolver a todas las personas la capacidad de generar sus propios ingresos, más allá de la caridad pública.  

lunes, 2 de diciembre de 2013

SABERSE VULNERABLES

ALFONSO AGUILÓ.- “El caudal de las noches vacías” es la última novela de Mercedes Salisachs, que ha escrito con gran dificultad, a sus 96 años y aquejada de una grave enfermedad. La autora ha explicado que quiso escribir esta obra postrera porque tenía necesidad de hablar sobre una situación que observa cada vez con más frecuencia en las relaciones entre hombre y mujer.

El protagonista, Guillermo, es un sacerdote comprometido con su labor pastoral, con dotes literarias y don de palabra, atractivo, culto, pero un poco imprudente, que un buen día se encuentra aceptando, sin un motivo muy claro, ser profesor particular del hijo de una adinerada mujer divorciada. Sin pensarlo mucho tampoco, acepta poco después la invitación de esa mujer para pasar las vacaciones con ellos y así continuar la educación del hijo, que ha experimentado un enorme progreso gracias a las indudables cualidades de su nuevo profesor. Cuando quiere darse cuenta, Guillermo se ha convertido en el hombre de moda de los encuentros sociales de la clase alta de la ciudad. Poco a poco, su segura religiosidad y sus claros principios morales se van resquebrajando ante la sensualidad y el glamour de la mujer y de su entorno. En paralelo, vemos la trayectoria de su mejor amigo, un sacerdote llamado Esteban, que opta por el camino contrario y busca una vida de mayor austeridad y entrega a los demás. 

No es difícil adivinar quién acaba mejor. La novela describe con habilidad ese tipo de enamoramientos que son un autoengaño disfrazado de amor, una solemne trampa. Es verdad que el enamoramiento es una fase maravillosa que puede llevar a descubrir y a afianzar el verdadero amor. Pero también puede ser un estado de elipsis donde los sentidos cobran demasiada relevancia y el raciocinio se ofusca con sensaciones que nublan la mente y eclipsan la sensatez. 

Guillermo se da cuenta de los riesgos que corre, se da cuenta de que se engaña, pero se engaña a su vez pensando que es algo que puede controlar, se cree más fuerte de lo que en realidad es. Se aventura en caminos y enredos que casi siempre nacían de la vanidad, del dejarse llevar por impulsos poco rectos, de reflejos que convertían simples corazonadas en realidades infalibles. Es la historia de una infidelidad a lo que más apreciaba, la historia de cómo una persona inteligente y cultivada se va engañando poco a poco, de cómo las ideas claras son extremadamente vulnerables cuando una persona se deja envolver por la efusión del sexo, el poder, el lujo o la vanidad. La historia de la importancia de proteger nuestros puntos débiles. Porque uno puede resistir largo tiempo, pero luego, por unos cuantos descuidos, caer en el abismo. 

Cada persona debe construir una defensa en torno a sus puntos más vulnerables. Debe aprender de los tropiezos de otros, aprender a verse capaz de cometer los mismos errores que nos sorprenden tanto en los demás y en los que quizá a nosotros nos parece imposible caer. Saber que los halagos de cualquier vicio pueden ensombrecer nuestra razón igual que ha sucedido con otros. Detectar el fatalismo que rodea a esos engaños, que tantas veces son objetivamente absurdos o inviables pero que están avalados por la sinrazón que se ha apoderado de la persona. 

Se puede tener una excelente formación y una excelente tranquilidad y seguridad pero, si no se sabe controlar el corazón, cualquiera puede verse arrebatado por la locura de unos cuantos descuidos, que parecían perfectamente controlados, pero que acaban llevando a decisiones desastrosas. Cuántos desencantos producidos tras la explosión impactante de un cuerpo perfecto, o de una mirada abrasante, que tienen un “después” frustrante: porque en la pasión humana, la rutina siempre acecha, y fácilmente acaba por desentronizar lo que la mirada logró en su día entronizar. 

Reconocer la propia debilidad, saberse frágiles, alejar la altivez de esa prepotencia que nos hace exponernos a situaciones que quizá podemos superar habitualmente pero que no dejan de ser una temeridad innecesaria. Todo eso nos ayuda también a comprender los errores de los demás, incluso los que quizá nos parecen menos razonables, y guardar distancia con lo que vemos que ha perdido a otros. 

sábado, 23 de noviembre de 2013

Las variedades del lenguaje

“Llamale jacuú al plátano y la yuca, majao a la comida. Y, sin ruborizarte, pronunciá Santa Crú” (Raúl Otero Reiche)

Los estudiosos señalan la existencia de distintos tipos de variedades lingüísticas. La variedad diacrónica, que hace referencia al espacio temporal; la variedad diatópica al espacio geográfico; la variedad diastrática al grupo social, y; la variedad diasfásica a la situación específica del hablante.

Las lenguas que lograron una expansión territorial significativa nos dan numerosos ejemplos en esta materia. En algunos casos, las variaciones dan origen a nuevas lenguas o, al menos, a notorias variedades. Ejemplos relativamente cercanos y ampliamente conocidos pueden ser el castellano, el portugués y el inglés.

Refiriéndose al mundo hispánico, Francisco Moreno considera que es un inmenso sistema geo-socio-lingüístico, con su centro y su periferia y, por tratarse de una realidad cultural y lingüística tan rica y compleja, cabe hablar de diversos centros con sus respectivas periferias. Por este motivo tenemos instituciones académicas que trabajan arduamente por conseguir la cohesión y estandarización de la lengua, sobre todo para fines académicos, admitiendo así variedades de los distintos centros y periferias.

Moreno considera que el hablante, mediante los usos lingüísticos, invita a sus interlocutores a compartir su proyección del mundo y sus actitudes hacia él. Por eso, ningún grupo humano debe sentir vergüenza de compartir su forma de ver la vida; caer ante el acomplejamiento significa relegar la riqueza cultural y la propia identidad al vacío, significa dejar que cualquiera diga quiénes somos, qué pensamos, qué queremos, y que finalmente nos lo terminemos creyendo.

Agencias publicitarias, medios de comunicación y presentadores locales deben analizar si están haciendo verdaderamente bien su trabajo. Es realmente cansino escuchar cómo nos venden productos y nos informan con fingidos y mal imitados acentos extraños, infravalorando y negando la belleza de lo propio. Ahora bien, cabe aclarar que no existen variedades lingüísticas superiores o inferiores, simplemente existen variedades, todas ellas igualmente ricas y respetables.

Estemos orgullosos de nuestra variedad lingüística porque es la huella más primigenia de nuestra cuna y origen. Abramos nuestras puertas diciendo quienes somos, sin ningún tipo de complejo, así no dejamos espacio a odiosas mal interpretaciones. 

Percy Añez Castedo 

jueves, 21 de noviembre de 2013

Papi Evo tiene a los niños contentos

Javier Oriol F. - Abrir el periódico y encontrarte con una noticia bomba, esto es lo que me ha pasado hoy. Evo ha anunciado un doble aguinaldo  con menos de un mes de preaviso. Lo primero que uno piensa es: “bellísimo”, me viene de súper bien. Pero pasados esos segundos de subidón, uno reflexiona. En base a qué, ¿una ‘rabieta’ de Evo contra las empresas?, una , bueno, otra de tantas, para ser más preciso.

Tendrá al pueblo contento con acciones como esta, pero esto me suena ya. En España ya vivimos estas acciones solidarias con el pueblo con un tal ZP (Presidente Zapatero en España), esa compra de votos con cheques bebé, está muy bien, si te las puedes permitir, pero no era así, y sumó a su lista de maquinaciones una acción como esta.

Igual el señor Morales aquí. No da tiempo a la reacción de las empresas, hay que ver como impacta eso en las pymes, las que más van a sufrir esta iluminada idea anticapitalista de don Evo. Un tipo que dice que piensa en los bolivianos… yo creo que un ‘padre’ no te da lo que quieres fácil, te enseña a que te ganes las cosas por tus propios méritos, con acciones como esta, Evo puede estar convirtiendo a una parte importante del pueblo boliviano en personas que esperan que siempre les soluciones todo.

Se mitiga el emprendimiento, el esfuerzo y la superación personal con decisiones como esta. La sobreprotección de un hijo acaba siendo negativa para éste, menguando que este aprenda a vivir, sacar las castañas del fuego por sí mismo.

Papi Evo tiene a sus niños contentos y no le molestarán en un tiempo, hasta que la vaca no dé más leche, hasta que la parte del pueblo boliviano que le adora, se despierte de su letargo y se de cuenta, que tomar tantos caramelos provoca caries, osteoporosis, neuritis óptica, fatiga crónica, ansiedad, migraña y depresión. Y paro aquí, porque seguiría la lista. Un presidente debe liderar un país, pero Evo, lo está enfermando.

Javier Oriol F.

martes, 19 de noviembre de 2013

¿ QUÉ SE JUEGA AMERICA LATINA CON LA SEGUNDA VUELTA EN CHILE ?

ALVARO VARGAS LLOSA
Había una vez en la que al resto de América Latina casi no le importaba quién gobernara Chile y por tanto quién ganara sus elecciones presidenciales. La curiosidad que despertaban sus comicios era anecdótica, estadística o vagamente sentimental (dependiendo de dónde estuviera uno situado en el espectro ideológico) pero carecía de esa cualidad existencial que tienen las elecciones en otros países de la región, donde siempre parece estar en juego absolutamente todo. Chile había elegido su rumbo y nadie cuestionaba lo esencial.

Es la primera vez en muchos años que unas elecciones presidenciales chilenas importan mucho a los vecinos. ¿Por qué? No es difícil darse cuenta: se ha instalado un elemento de incertidumbre que llevaba tiempo ausente del escenario electoral chileno. Esto suena paradójico, teniendo en cuenta la superioridad dominante de Michelle Bachelet en las encuestas, pero ese dominio es, precisamente, la matriz de la incertidumbre.

Las preguntas que se hacen muchos observadores y enterados -ese informe especie que uno nunca sabe exactamente cómo definir- son muchas pero se pueden agrupar en tres: 1) ¿Será un eventual gobierno de Bachelet un factor de moderación de las corrientes sociales que quieren modificar el modelo vigente desde hace décadas o un instrumento, consciente o inconsciente, de ellas? 2) ¿Tendrá una eventual modificación del modelo chileno el efecto de aislar a Chile con respecto de sus imitadores externos o, por lo contrario, de motorizar en esos países a quienes cuestionan el modelo inspirado en la república austral y a larga desviar su curso actual? 3) ¿Cómo impactará un eventual gobierno de Bachelet la actual composición de fuerzas ideológicas en América Latina y sus respectivos proyectos de integración?

Todas estas preguntas parecen suponer un triunfo de Bachelet en primera vuelta pero es una impresión falsa porque la respuesta a ellas depende, en buena parte, de si se mantendrán o no ciertos equilibrios en la política chilena. Y esto es algo que no empezará a saberse antes de despejarse la incógnita de si habrá o no un “ballotage” y de cómo quedará la composición de fuerzas en el Congreso, especialmente en el Senado.

La primera pregunta es engañosa porque da la impresión de tener implicaciones sólo internas. En realidad, las tiene también externas: si Bachelet, en la hipótesis de que sea elegida, se vuelve un factor moderador de las corrientes que presionan desde la izquierda, el paradigma chileno, tal y como se lo entiende en la región, no sufrirá una variación esencial aun si ciertos aspectos cambian. Pero si se da el caso contrario, el efecto será muy importante en la medida en que debilitará a los partidarios del modelo chileno, que agrupa a varios gobiernos y oposiciones, y viceversa. Una cosa es observar con sorpresa desde el extranjero que los estudiantes y parte de las clases medias se levantan contra el sistema educativo y reclaman con impaciencia mejores servicios públicos, y otra muy distinta es que se perciba que, con respaldo y bajo presión de una mayoría, la Concertación, considerada hasta hace poco uno de los dos baluartes del modelo, procede a erosionarlo de forma sistemática.

Supongamos que en Chile se empieza, en efecto, a erosionar ese modelo. Ello podría ocurrir, por ejemplo, si un cambio de la Constitución acabara siendo mucho más que un proceso de eliminación del “pecado original” de ese texto fundamental, es decir de su origen pinochetista, y se volviese un instrumento de reforma de las estructuras que hacen posible el éxito que ha llevado a Chile a un per cápita (basado en la paridad del poder de compra) apenas distanciado del desarrollo en cinco mil dólares. ¿Qué causaría semejante cosa en la región: un cierto aislamiento de Chile o el comienzo del fin del consenso que en otros países llevó a adoptar, sin admitirlo abiertamente, buena parte del modelo chileno?

Me atrevo a pensar que lo segundo, aunque ocurriría con lentitud y de forma no rectilínea ni acompasada. Por razones más bien obvias: en los países en cuestión, principalmente los de la Alianza del Pacífico, ya hay sectores nutridos que cuestionan el modelo vigente y fuerzas que debilitan su legitimidad. En el Perú, un Humala distinto al que luego gobernaría obtuvo la primera mayoría en la primera vuelta con una propuesta abiertamente retrógrada. En Colombia, vimos hace poco una protesta rural liderada por la Mesa Agraria Nacional de Interlocución y Acuerdo y por la Coordinación Nacional Agraria que cobró dimensiones nacionales y apuntó, entre otras cosas, contra los 15 TLC que a fines de 2013 atan a los colombianos con el resto del mundo. 

En México, la capital está semiparalizada (lo pude comprobar hace poco) desde hace meses porque una reforma educativa que pretende evaluar a los maestros enfrenta la resistencia del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación con medidas de fuerza impresionantes, sin que el gobierno se atreva a hacer mucho.

En Argentina, la oposición en sus distintas variantes, incluyendo a los peronistas disidentes, ha ido transitando hacia un cuestionamiento más frontal del modelo populista con propuestas que, sin atreverse por ahora a adoptar el paradigma chileno abiertamente, apuntan más bien en este sentido. Por tanto, una deslegitimación de ese paradigma en el mismísimo Chile sería un arma tentadora para el gobierno de Cristina Kirchner en su desesperada carrera hacia una derrota que no sea demasiado grave en 2015. Pienso no sólo que sería más difícil para la oposición defender la alternativa liberal en la campaña electoral sino, sobre todo, que sería aún más complicado gobernar con esa bandera a partir de 2015 contra un peronismo opositor envalentonado por el retroceso chileno en el que baso mi hipótesis negativa.

¿Y Brasil? Aquí es donde la segunda y la tercera pregunta en que agrupé los interrogantes de la incertidumbre regional frente a los comicios chilenos se entrelazan. Porque para nadie es un secreto que Brasil está activamente tratando de desacelerar la Alianza del Pacífico, a la que ve, quizá con una pizca de exageración pero no demasiada, como un competidor frente a su modelo de integración, léase Mercosur o Unasur (basta que uno tome contacto con sectores políticos y diplomáticos en Santiago para que le cuenten historias por todos lados sobre cómo la embajada brasileña tiene la misión específica de hacer contrapeso al entusiasmo que hay entre muchos chilenos por la Alianza del Pacífico). Dado que Bachelet tiene una devoción particular por Dilma Rousseff y que sus aliados y amigos no son precisamente fanáticos de este esfuerzo integrador, máxime teniendo en cuenta el rol que ha jugado en él Sebastián Piñera, ¿que cabe esperar si, una vez instalada en La Moneda, ella decide “equilibrar” más las cosas? ¿Tal vez que Bachelet arrastre sutilmente los pies con respecto al proceso del que forma parte Chile junto a México, Perú y Colombia con el apoyo de varios países amigos y algunos aspirantes a ingresar como miembros plenos?

Suponiendo que así fuera (en ningún caso ocurriría de modo desembozado porque Bachelet, que ya ha gobernado, es consciente de que se verían afectadas ciertas relaciones), es evidente que habría un efecto en la correlación de fuerzas en el subcontinente.

La rivalidad amistosa y no declarada entre la Alianza y procesos como Mercosur y Unasur es la de dos modelos de sociedad pero también dos formas de entender las relaciones con el resto del mundo. Mercosur ha sido declarado un fracaso no sólo por otros países latinoamericanos sino por algunos de sus integrantes, como el Uruguay del Presidente Mujica, y en la práctica por la propia Rousseff, que está coqueteando con la idea de una negociación directa con Europa sin tener demasiado en cuenta a sus vecinos. En cambio, la Alianza empieza a despertar entusiasmos mundiales, como quedó simbolizado hace pocos días cuando Christine Lagarde, la directora gerenta del FMI, describió a sus integrantes como “mi grupo líder”, en referencia a las perspectivas económicas en América Latina. Si un país tan emblemático en este proceso como Chile decide favorecer la estrategia brasileña, ello tendrá un efecto paralizante en la tierna y novedosa iniciativa, la única que está caminando hacia la integración real.

Siendo ese el caso, saldrían favorecidos algunos países, los del bloque populista autoritario, que llevan meses pronunciándose, en este caso frontalmente, en contra de la Alianza. Curiosamente, aunque Brasil ha mantenido una cierta distancia con esos gobiernos populistas, por lo menos en comparación con lo que ocurría en tiempos de Lula, la estrategia de desaceleración de la Alianza convendría, desde el punto de vista político, a ambas partes de la izquierda latinoamericana: a Brasil porque le quitaría de en medio a un competidor por el liderazgo paradigmático del continente (la Alianza, para colmo, suma una población y un PIB no muy distintos de los que representa la primera potencia sudamericana) y los gobiernos populistas porque pasar de un continente en el que Chávez parecía liderarlo todo a otro en el que la Alianza liberal está de moda y ellos en proceso de marchitación equivale a una derrota.

Aun si las cosas no llegaran a ese extremo, el solo hecho de que Chile se acercara en exceso a la órbita de los países menos exitosos tendría implicaciones para la percepción internacional con respecto a América Latina. Esto es así exactamente por las mismas razones por las que la proliferación de imitadores de Chile en esta parte del mundo ha repercutido en la imagen latinoamericana ante los países desarrollados. La lectura que se haría es que Chile se ha vuelto un país predictor, es decir un anticipo de lo que sucede en América Latina cuando las clases medias emergentes deciden que el modelo es demasiado asfixiante para su legítima aspiración de tener servicios de primer mundo. En el contexto de desaceleración general del subcontinente por el enfriamiento de los “commodities”, y teniendo en cuenta la perspectiva de que se disparen las tasas de interés como resaca de la política inflacionista de la Reserva Federal y otros bancos centrales del mundo, no estamos hablando de poca cosa.

Por eso hay expectativa en la región en que, si Bachelet gana los comicios, se mantengan unos equilibrios políticos y sociales básicos que impidan que la legitima búsqueda de profundización del modelo como respuesta a los ciudadanos que le tienen desamor se traduzca en un declive. Los equilibrios de la sociedad chilena son también necesarios en Sudamérica, donde la Alianza del Pacífico ha empezado a compensar lo que hasta hace poco era un claro escoramiento regional hacia la versión más populista de la izquierda.

Por primera vez en bastante tiempo muchos latinoamericanos creen, creemos, que no es poco lo que se juega esta región mañana. Buena suerte.

Fuente LA TERCERA (Chile)